martes, 22 de febrero de 2011

La llamada telefónica

Estaba cayendo, había saltado desde el edificio más alto de la ciudad y mi vida estaba pasando ante mis ojos. Me sentía solo, muy solo, todos los apoyos emocionales que había en mi vida habían desaparecido, pero aún así no me creía que hubiese sido capaz de saltar.

Todo empezó la semana pasada. Ocho de la mañana, sonó el despertador y medí una ducha como lo hacía todos los días. Tenía que ir a la oficina como había hecho durante los últimos 23 años, bajé a desayunar con mi mujer y mis hijos y cogí el coche para ir a trabajar. Odiaba ese maldito trabajo, 23 años metidos en los mismos cinco metros cuadrados. Cuando llegue al trabajo la secretaria del jefe me dio balances para cuadrar, como todos los días. Pero de repente recibí una llamada, una voz grave y de hombre, me decía que subiese al tejado del edificio porque alguien me quería dar una sorpresa. Subí extrañado pero a la vez ilusionado por aquella sorpresa. Cuando llegé a la azotea del edificio solo vi un tiesto y una pistola pero no había nadie. Asustado intenté abrir la puerta para volver a bajar pero estaba atrancada. De repente me sonó el móvil, ponía numero privado, ¿Quién sería? ¿Tal vez la persona que me había llamado anteriormente?. Lo cogí, era aquella voz otra vez, me dijo que había sido una mala persona durante estos últimos años y que iba a pagar por ello. Me dijo que cogiese el tiesto y me acercase a la cornisa, pero me negué. Al oír eso aquel hombre me puso con otra persona al teléfono, era mi familia y chillaban pidiendo ayuda. ¿Qué era eso? ¿Tal vez una broma de mal gusto? me alerté y me dirigí hacia la cornisa cogiendo el tiesto y en la otra mano el móvil. Me pidió que lanzase abajo aquel tiesto pero sin herir a nadie, porque sino iba a correr con las consecuencias. Lo lancé y impacto en el suelo sin herir a nadie. Toda la gente que había abajo miro hacia arriba preguntándose que había sido eso, y eso era yo. Los minutos iban pasando y cada vez se amontonaba más gente en la calle para ver qué pasaba, y la policía llegó. Entonces se oyó una voz de un megáfono de la policía que decía  que no lo hiciese, que no me suicidase, ¿pero quién había dicho nada de suicidarse? estaba siendo manipulado por un hombre loco y nadie me comprendía. Entonces el hombre del teléfono y voz grave me pidió que cogiese la pistola y me la pusiese en la cabeza. Me dijo que disparase pero no podía, no era capaz de hacerlo, y me amenazó diciendo que si no lo hacía mataría a mi familia. Sé que aquel señor del móvil estaba cerca porque veía lo que hacía, pero no sabía dónde. Me dio otra opción, saltar al vacío.

Mientras que el contaba hacia atrás empezando de diez yo no sabía si todavía iba a ser capaz de hacerlo. Diez, nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres, dos.... y salté. Estaba cayendo, había saltado desde el edificio más alto de la ciudad y mi vida estaba pasando ante mis ojos. Me sentía solo, muy solo, todos los apoyos emocionales que había en mi vida habían desaparecido, pero aún así no me creía que hubiese sido capaz de saltar. Y ahora me encuentro en un túnel negro acercándome a la luz. Ha llegado el final.

1 comentario:

  1. ¡Vale! ¡Que chulo! Me gusta la idea de que hayas acabado de la misma manera en que empiezas. Aun así, hay faltas, cuida la ortografía. Bien, Ibon.

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